sábado, 28 de abril de 2018


PICHANAKI, CORAZON DE LA SELVA CENTRALCULTURA ANCESTRAL

 Durante los años de 1742 a 1752 surge el levantamiento de Juan que arrasa con todas las misiones que ocupaban lo que hoy es la llamada selva central, incluyendo a un pequeño pueblo llamado pichana, actualmente Pichanaki. Esta rebelión libero a casi toda la selva ya que los nativos de todas partes se unieron a esta causa, convirtiéndose así en el único movimiento indígena jamás derrotado. A fines de 1957, según un relato plasmado en una tesis hecha por la hermana Casilda Rilova, María de la Cruz Remirez Urdiain y María Victoria Paesa Luesma, mencionan que don David Delgadillo García acompañado de su esposa y don Egulicco Ávila entre otros parientes, llegaron desde lima a estas tierras, después de 15 días de largo y duro camino. Pichanaki en 1962 se inició organizadamente con una Agencia Municipal con el nombramiento de su primer Teniente Gobernador, Oswaldo Dávalos; dependiendo políticamente del Distrito de Chanchamayo y de la provincia de Tarma.

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La rebelión de juan santos Atahualpa trajo con sigo el descubrimiento de distintas vivencias de los ashaninkas, entre ellas las medicinas ancestrales, tanto ha sido el conocimiento adquirido que pudieron sacarlo a flote con el hospital ashaninka
Se imagina tratarse en un hospital en donde ninguno de los médicos jamás pisó una universidad, pero que, gracias a sabios conocimientos milenarios, logran maravillas. Este centro de sanación se encuentra en la Selva Central. Para ser más exacto, se trata de una Aldea de Salud, ubicada a cinco minutos de la ciudad de Pichanaki, en la comunidad nativa Bajo Quimiriki. Ahí, diecisiete sabios nativos de diversas zonas de la Selva Central y que conforman la Asociación de Sabios Asháninkas “Antyabiarite” (Asasec) se turnan para atender en cinco malocas (cabañas) a sus pacientes aplicando conocimientos ancestrales.

Medicina ancestral. Muchas enfermedades que la medicina occidental aún no encuentra cura y mucho menos una explicación científica, son tratadas en esta aldea, de la forma más simple o al menos así nos lo hacen parecer estos curanderos, como doña Emilia Martínez Machari, una asháninka de 56 años y con más de 30 de experiencia en esta medicina ancestral. Ella nos sorprende con su peculiar forma de sanar a través de pequeñas barras de plomo, las cuales, luego de ser puestas al fuego, se vierte en un vaso con agua y se coloca sobre la cabeza de los pacientes. Después del chasquido producto del encuentro del metal fundido con el agua, la sabia nativa pone sobre un mantel los amorfos pedazos del metal para leer el mal que aqueja al paciente y, con ese diagnóstico, inicia el tratamiento, el cual puede ir desde el consumo de un brebaje hasta el punto de pastas y cremas, todos preparados con plantas medicinales de la zona. Muchas de estas solo son conocidas o guardadas sigilosamente en algún lugar del bosque por los nativos.
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Shobete sharete. Don Germán Benavides es un hombre añejo que preside la asociación de sabios. Él prefiere que lo llamemos por su nombre asháninka: Shobete sharete, pues lleva más de 40 años como tabaquero y ayahuasquero. En su intención de no perder la cultura de sus ancestros, buscó juntar a los sabios nativos de toda la Selva Central y trabajar con sus hermanos asháninkas en este proyecto, que cada vez se fortalece más. “No dejaré que muera mi cultura”, nos dice algo afligido, ya que es consciente de que por la globalización, los jóvenes asháninkas se alejan, poco a poco, de este maravilloso mundo que surgió en las entrañas de la selva. En esta aldea, que es un espacio de curación y preservación de la cultura amazónica, hay muchas otras formas originales y hasta místicas de curar desde el chacho, mal aire, mal espíritu, artritis, puquio, golpes y hemorragias hasta, según aseguran los sabios nativos, la próstata, esterilidad, inflamaciones del riñón y colerina. Como vimos nuestra cultura ashaninka es muy densa y tenemos que aprender, a no olvidar nuestras raíces, pues fue un arduo trabajo de nuestros ancestros fortalecerla 


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