PICHANAKI, CORAZON DE LA SELVA CENTRALCULTURA
ANCESTRAL
Durante los años de 1742 a 1752 surge el levantamiento de Juan que
arrasa con todas las misiones que ocupaban lo que hoy es la llamada selva
central, incluyendo a un pequeño pueblo llamado pichana, actualmente Pichanaki.
Esta rebelión libero a casi toda la selva ya que los nativos de todas partes se
unieron a esta causa, convirtiéndose así en el único movimiento indígena jamás
derrotado. A fines de 1957, según un relato plasmado en una tesis hecha por la
hermana Casilda Rilova, María de la Cruz Remirez Urdiain y María Victoria Paesa
Luesma, mencionan que don David Delgadillo García acompañado de su esposa y don
Egulicco Ávila entre otros parientes, llegaron desde lima a estas tierras,
después de 15 días de largo y duro camino. Pichanaki en 1962 se inició
organizadamente con una Agencia Municipal con el nombramiento de su primer
Teniente Gobernador, Oswaldo Dávalos; dependiendo políticamente del Distrito de
Chanchamayo y de la provincia de Tarma.
La rebelión de juan santos Atahualpa
trajo con sigo el descubrimiento de distintas vivencias de los ashaninkas,
entre ellas las medicinas ancestrales, tanto ha sido el conocimiento adquirido
que pudieron sacarlo a flote con el hospital ashaninka
Se imagina tratarse en un
hospital en donde ninguno de los médicos jamás pisó una universidad, pero que,
gracias a sabios conocimientos milenarios, logran maravillas. Este centro de
sanación se encuentra en la Selva Central. Para ser más exacto, se trata de una
Aldea de Salud, ubicada a cinco minutos de la ciudad de Pichanaki, en la
comunidad nativa Bajo Quimiriki. Ahí, diecisiete sabios nativos de diversas
zonas de la Selva Central y que conforman la Asociación de Sabios Asháninkas
“Antyabiarite” (Asasec) se turnan para atender en cinco malocas (cabañas) a sus
pacientes aplicando conocimientos ancestrales.
Medicina ancestral. Muchas
enfermedades que la medicina occidental aún no encuentra cura y mucho menos una
explicación científica, son tratadas en esta aldea, de la forma más simple o al
menos así nos lo hacen parecer estos curanderos, como doña Emilia Martínez
Machari, una asháninka de 56 años y con más de 30 de experiencia en esta
medicina ancestral. Ella nos sorprende con su peculiar forma de sanar a través
de pequeñas barras de plomo, las cuales, luego de ser puestas al fuego, se
vierte en un vaso con agua y se coloca sobre la cabeza de los pacientes.
Después del chasquido producto del encuentro del metal fundido con el agua, la
sabia nativa pone sobre un mantel los amorfos pedazos del metal para leer el
mal que aqueja al paciente y, con ese diagnóstico, inicia el tratamiento, el
cual puede ir desde el consumo de un brebaje hasta el punto de pastas y cremas,
todos preparados con plantas medicinales de la zona. Muchas de estas solo son
conocidas o guardadas sigilosamente en algún lugar del bosque por los nativos.
Shobete
sharete. Don Germán Benavides es un hombre añejo que preside la asociación de
sabios. Él prefiere que lo llamemos por su nombre asháninka: Shobete sharete,
pues lleva más de 40 años como tabaquero y ayahuasquero. En su intención de no
perder la cultura de sus ancestros, buscó juntar a los sabios nativos de toda
la Selva Central y trabajar con sus hermanos asháninkas en este proyecto, que
cada vez se fortalece más. “No dejaré que muera mi cultura”, nos dice algo
afligido, ya que es consciente de que por la globalización, los jóvenes
asháninkas se alejan, poco a poco, de este maravilloso mundo que surgió en las
entrañas de la selva. En esta aldea, que es un espacio de curación y
preservación de la cultura amazónica, hay muchas otras formas originales y
hasta místicas de curar desde el chacho, mal aire, mal espíritu, artritis,
puquio, golpes y hemorragias hasta, según aseguran los sabios nativos, la
próstata, esterilidad, inflamaciones del riñón y colerina. Como vimos nuestra
cultura ashaninka es muy densa y tenemos que aprender, a no olvidar nuestras raíces,
pues fue un arduo trabajo de nuestros ancestros fortalecerla
0 comentarios:
Publicar un comentario